Introducción
A lo largo del siglo XIX, como sucedió en con el resto de países de Europa occidental, España experimentó algunas transformaciones fundamentales: la población creció, la sociedad estamental del antiguo régimen fue sustituida por la sociedad de clases y se instauró un régimen liberal. Pero igualmente fue un siglo convulso: hubo guerras civiles y multitud de pronunciamientos militares.
El desarrollo económico fue lento e insuficiente. A pesar de las mejoras en algunos medios de comunicación como el ferrocarril, en general España siguió siendo un país desestructurado y mal comunicado, lo que nos relegó a una potencia de segundo orden en el contexto internacional.

1. La guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz.
Con la invasión francesa y la posterior guerra de la Independencia, arranca la Edad Contemporánea en España. Dos hechos que provocaron la crisis del antiguo régimen y el inicio del régimen liberal.
1.1 La guerra de la Independencia (1808 – 1814).
En 1807 España y Francia firmaron el tratado de Fontainebleau, acuerdo por el que acordaban invadir Portugal, país aliado del principal enemigo de Francia, Inglaterra. Las tropas francesas debían atravesar el norte peninsular para llegar al país lusitano, pero aprovecharon la situación de crisis política y de decadencia de la monarquía para ocupar las principales ciudades.
En marzo de 1808, ante el aumento de tropas francesas en la península y el intento de Manuel Godoy de poner a salvo a los reyes de España embarcándolos hacia América, el pueblo madrileño protagonizó el famoso motín de Aranjuez, un levantamiento popular orquestado por la nobleza palaciega partidaria del príncipe Fernando VII, en el que se pedía la abdicación del rey y la caída del valido.
Napoleón Bonaparte aprovechó los problemas de la familia real y para intentar acabar con el litigio entre el rey y su hijo, llamó a la familia real española a Bayona (Francia), donde consiguió que abdicaran a favor de José Bonaparte, hermano del emperador, que se convirtió así en rey de España.
El aumento de tropas francesa en la península y la posterior abdicación de los reyes, llevó al levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas del general francés Murat, encargado de la defensa de la capital. Era el 2 de mayo de 1808. El levantamiento fue seguido en otras ciudades del país. Comenzaba la guerra de la Independencia.
La guerra fue a la vez de liberación contra los franceses y una guerra civil, ya que la población quedó dividida entre afrancesados y fernandinos. La contienda destacó por su duración y crueldad. Hubo ciudades que sufrieron importantes asedios, como Zaragoza o Gerona. La contienda produjo más de 300.000 muertos.
El pueblo, contrario a la a la invasión francesa, formó guerrillas armadas que hostigaban regularmente y por sorpresa al poderoso ejército francés. Estas partidas armadas consiguieron frenar el avance de los franceses, si bien a cambio de grandes pérdidas humanas.

Cuando en 1813 Napoleón retiró parte de su Grand Armee para la campaña de Rusia, los españoles aliados con los ingleses, iniciaron la contraofensiva dirigidos por el duque de Wellington y derrotaron a los franceses en las batallas de Arapiles, Vitoria y San Marcial.
Acabada la guerra, por el Tratado de Valençay, Napoleón devolvía la corona a Fernando VII, que al mismo tiempo regresaba a España.
1.2 Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812.
La Guerra de la Independencia tuvo también sus consecuencias políticas. La ausencia de la familia real dejó en España un vacío de poder en las zonas sublevadas, en las que se crearon juntas para organizar la lucha. Por eso se creó la Junta Suprema Central, presidida por Jovellanos, y cuya finalidad era asumir el Gobierno y organizar la resistencia frente a los franceses. En 1810, la Junta Suprema Central decidió disolverse, pero antes realizó una convocatoria de Cortes a la nación.
En septiembre de 1810 se abrían las Cortes de Cádiz. A diferencia de las Cortes tradicionales, divididas en estamentos, las de Cádiz reunieron a todos los diputados o representantes llegados desde los diversos puntos de España en una única asamblea (Cortes unicamerales). Cádiz es el lugar idóneo ya que se mantiene independiente del dominio francés y está defendida por la flota británica.
Los 271 diputados que acudieron a Cádiz fueron elegidos por provincias. Pronto aprobaron su primer decreto, en el que se declararon depositarios de la soberanía nacional, un hecho revolucionario al sustentar la legitimidad de las Cortes en la nación y no en el rey. Se entendía el concepto de nación como
“(…) el conjunto de ciudadanos libres, residentes tanto en la península como en los territorios ultramarinos, iguales en derecho, sujetos todos a la misma ley y desprovistos de cualquier forma de privilegios exclusivos de tipo estamental.”
Entre los diputados de las Cortes se configuraron tres grandes corrientes de opinión:
- Los absolutistas, partidarios de que la monarquía absoluta y de la máxima soberanía para el monarca. Fueron denominados como “serviles” por sus adversarios.
- Los jovellanistas, liderados por Jovellanos5. Defendían la soberanía compartida entre el rey y las Cortes.
- Los liberales, partidarios de conceder la soberanía sólo a las Cortes, Fueron los que ejercieron mayor influencia en las cortes gaditanas, aunque no eran los más numerosos.

El 19 de marzo de 1812, las Cortes de Cádiz promulgaron la primera constitución liberal de la historia de España, conocida como La Pepa, por aprobarse el día de la festividad de San José. Su enorme extensión, 384 artículos, indica la minuciosidad con la que fue redactada. Los diputados gaditanos tuvieron muy presentes la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), la Constitución francesa de 1791.
El sistema político se sustentó en cuatro elementos fundamentales: división de poderes, Cortes unicamerales, limitación del poder real y un sistema representativo basado en el sufragio universal masculino indirecto. Las mujeres no votaban y los electores no elegían directamente a sus diputados a Cortes, sino a unos representantes (compromisarios) que a su vez se encargaban de elegirlos.
La constitución venía a cambiar la forma de gobierno. El rey ya no es un monarca absoluto sino que gobierna con un parlamento elegido por el pueblo, por eso la monarquía pasará a ser parlamentaria.
La constitución contenía una amplia declaración de derechos del ciudadano: la libertad de opinión, la igualdad ante la ley, el derecho a la propiedad y el reconocimiento del estado transoceánico a ambos lados del Atlántico.
Además de aprobar la Constitución, las Cortes de Cádiz pusieron en marcha una amplia legislación que pretendía acabar con el antiguo régimen: se suprimieron los señoríos, se abolió la Inquisición, se prohibieron los gremios y se declaró la igualdad de los españoles ante la ley.


Responde:
- ¿En qué artículo se recoge el principio de soberanía nacional? ¿Qué significa?;
- ¿Qué artículos hablan de la división de poderes? ¿Quién detenta cada poder?;
- ¿Por qué fue redactado el artículo 172.1? ¿Crees que esta era una práctica habitual de los monarcas?;
- ¿Qué libertades personales se recogen
Contesta:
- Define: afrancesado, fernandino, tratado de Fontainebleau, motín de Aranjuez, juntas de gobierno, José Bonaparte.
- ¿Cuándo comenzó la Guerra de la Independencia? ¿Cómo hicieron frente los españoles a las poderosas tropas francesas? ¿Cómo acabó la guerra?
2. El reinado de Fernando VII (1814 – 1833): entre liberales y absolutistas.
2.1 El Sexenio absolutista (1814 – 1820).
La vuelta al poder de Fernando VII en marzo de 1814 dio al traste con la labor legislativa de las Cortes de Cádiz. Los liberales esperaban que el nuevo rey aceptara la constitución y se convirtiera en un monarca constitucional.

En abril de 1814 un grupo de diputados absolutistas presentó al rey el manifiesto de los persas, un documento sobre los cambios acaecidos en la soberanía que sirvió de base para que Fernando VII derogara la Constitución y todas las reformas mediante el decreto del 4 de mayo de 1814. El rey restauró los privilegios del clero y de la nobleza, y comenzó la persecución de liberales. Durante seis años, gobernó de forma absoluta. Los liberales y parte del Ejército trataron de restaurar el liberalismo por la vía del pronunciamiento. Estos fracasaron por la indiferencia de la población, y sus cabecillas fueron encarcelados o ejecutados.
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2.2 El Trienio Liberal (1820 – 1823).
En 1820 triunfó un pronunciamiento liberal dirigido por el coronel Rafael de Riego, que
proclamó la Constitución de 1812. El alzamiento militar tuvo lugar en Cabezas de San Juan (Sevilla), aprovechando el embarque de tropas para reprimir el secesionismo de las colonias americanas. Ante la magnitud de los acontecimientos el rey tuvo que jurar la constitución.
Durante tres años se volvieron a llevar a cabo las reformas aprobadas en las Cortes de Cádiz. Además los liberales crearon la Milicia Nacional, un cuerpo armado formado por voluntarios y pagado por los ayuntamientos, encargado de defender el régimen liberal por las armas si era necesario.
En 1823 la Santa Alianza envió un ejército a España, conocido como los Cien Mil hijos de San Luís, que se enfrentó al ejército liberal, que según las crónicas era superior en número de tropa, pero peor organizado, lo que facilitó su rápida y total derrota. Este hecho supuso la restitución de Fernando VII en el trono.
2.3 La ominosa década (1823 – 1833).
La vuelta al absolutismo de Fernando VII coincidió con una grave crisis hacendística. Las
continuas guerras y la emancipación de las colonias americanas habían disparado la deuda pública. Con una Hacienda en quiebra y una fiscalidad inexistente, pues las cargas fiscales siempre recaían sobre los más pobres, el rey intentó remodelar su gobierno, mediante la creación de un consejo de ministros que sustituyera a las viejas camarillas de nobles.
A esta situación se unió el problema dinástico. Debido a la Ley Sálica, en España no podían reinar las mujeres. Después de cuatro matrimonios, Fernando VII no había tenido hijos varones. Por ello promulgó una norma, la Pragmática Sanción, que anulaba la Ley Sálica a fin de que su hija Isabel pudiese reinar. Muchos de los absolutistas no aceptaron esta solución y ofrecieron su apoyo al hermano del rey, don Carlos Mª Isidro.
Cuando Fernando VII murió en 1833, su viuda María Cristina, se hizo cargo del gobierno, ya que su hija Isabel sólo tenía tres años. A su vez don Carlos se proclamaba rey de España. De esta manera estallaba la Primera Guerra Carlista (1833 – 1839).

El carlismo no sólo fue un problema dinástico por la sucesión a la corona entre Carlos Mª Isidro de Borbón y su sobrina, Isabel II, la futura reina de España. Se convirtió también en una lucha por el mantenimiento de la tradición y el antiguo régimen, frente al advenimiento del nuevo régimen liberal representado por la causa isabelina. Los carlistas tuvieron mayor fuerza en el País Vasco, Navarra, Cataluña y zonas de Aragón. La guerra terminó con la derrota carlista.
El Abrazo de Vergara entre el general isabelino, Espartero, y el general carlista, Maroto, puso fin a un conflicto que se prolongaría en dos ocasiones más a lo largo del siglo XIX.
2.4 La Independencia de las colonias americanas.
El acontecimiento más importante del reinado de Fernando VII es la pérdida de las colonias en América, que tendrá graves consecuencias económicas para España. El inicio de la independencia de las colonias americanas es consecuencia de directa de distintas causas:
- El éxito de las colonias británicas del norte que en 1776 se proclamaron independientes (Estados Unidos).
- La difusión de las ideas y principios ilustrados de igualdad y libertad.
- El descontento de los criollos, descendientes de españoles nacidos en América, que se sienten marginados de la vida política de las colonias y que consideran que el dominio de España es un freno para el desarrollo económico de las colonias.
Cuando se inicia la Guerra de la Independencia, en América también se crean Juntas contrarias al gobierno de José Bonaparte. Algunas de estas Juntas, encabezadas por los criollos, no reconocen a Fernando VII y comienzan a actuar de manera independiente. Los primeros focos secesionistas se localizaron en Venezuela (Simón Bolívar), Chile y México. La derrota de las tropas realistas en Ayacucho, en Perú (1824) marca el fin de la presencia española en la América continental.
3. El reinado de Isabel II (1843 – 1868): la construcción del estado liberal.
Durante el reinado de Isabel II y a lo largo de veinticinco años se intentó consolidar el desarrollo del sistema político liberal. Dos familias políticas, moderados y progresistas, partidarios del liberalismo y de poner fin al antiguo régimen, lucharon por el poder.
3.1 Primeros gobiernos “progresistas” (1833 – 1843).
En 1833 murió Fernando VII. Su hija, la futura reina Isabel II, era sólo una niña de tres años, por lo que tuvo que hacerse cargo de la regencia su madre María Cristina. La
regencia coincidió con la Primera Guerra Carlista. Para ganar esta guerra, Mª Cristina tuvo que aliarse con los liberales.
Los liberales estaban divididos en dos grupos: los moderados, partidarios de reforzar la posición del rey frente al parlamento; y los progresistas, que defendían reformas muy profundas que acabaran con los privilegios del antiguo régimen y con la monarquía absoluta.
En 1836, los progresistas con Mendizábal en el gobierno, tomaron medidas para abolir los restos del antiguo régimen, como la desamortización de las propiedades de la Iglesia. El punto culminante de este proceso fue la promulgación de la Constitución de 1837, que establecía el sufragio censitario, las cortes bicamerales (Congreso y Senado).
En 184º, Mª Cristina tuvo que dimitir debido a sus enfrentamientos con los progresistas. Entonces asumió el cargo de regente un militar progresista, que había cosechado grandes éxitos en la 1ª guerra carlista: el general Espartero.
Espartero gobernó de forma autoritaria, hasta que en 1843 un pronunciamiento forzó su dimisión. Ante la crisis, las Cortes del reino proclamaron reina a Isabel II, con sólo trece años.

3.2 La década moderada (1844 – 1854).
Durante los diez primeros años de su reinado, Isabel II gobernó con el apoyo de los moderados, y el periodo se caracterizó por su conservadurismo.
El general Narváez presidió varios gobiernos. En 1845 se aprobó una nueva Constitución, que entre otras cuestiones limitó el derecho de voto; restringió la libertad de prensa, estableció un estado confesional. El Estado estableció una organización centralista. El gobierno controlaba las provincias y nombraba directamente a los alcaldes de las ciudades más importantes.
En 1854 se produjo el pronunciamiento de Vicálvaro. Lo dirigió el general Leopoldo O’Donnell, y apoyado por ciertos sectores del partido moderado y también de los
progresistas, puso fin a esta etapa. Las limitaciones del sistema político moderado.
El régimen moderado se vio sumergido en una serie de problemas que obstaculizaron el juego político y dificultaron la estabilidad del sistema.
Entre ellos cabe destacar:
- La intromisión de la Corona en la vida política, siempre a favor de los moderados
- El camarillismo en la Corte, donde aristócratas, militares y clérigos formaban camarillas que pugnaban por recibir los favores de la reina.
- La injerencia política del ejército. Moderados y progresistas recurrieron a menudo al pronunciamiento para hacerse con el poder, pero el favoritismo de la reina por los primeros, hizo que los progresistas tuvieran que recurrir con más frecuencia a ese procedimiento.
- El falseamiento electoral que debilitó la estabilidad del parlamentarismo. El acceso al poder a través de pronunciamientos o de revueltas populares en lugar de mediante elecciones comportó que el partido que había accedido al gobierno acostumbrarse a manipular las elecciones para conseguir una mayoría parlamentaria.

3.3 El Bienio Progresista (1854 – 1856) y la Unión Liberal (1856 – 1868).
Tras el pronunciamiento de Vicálvaro, el poder pasó a los progresistas, liderados por Espartero.
El gobierno llevó a cabo la desamortización de Madoz que afectó a las tierras de los ayuntamientos. También aprobó la Ley de ferrocarriles, que permitió la construcción de la red ferroviaria en España. La agitación social fue el motivo que la reina esgrimió para retirar el apoyo a los progresistas.
En los años siguientes formaron gobierno la Unión Liberal de O’Donnell y los Moderados de Narváez. En esta época el crecimiento económico fue intenso y estuvo ligado al desarrollo del ferrocarril, hasta la grave crisis de 1866.
En 1866, los progresistas, los demócratas y los republicanos, que estaban excluidos del gobierno y cansados de su exceso de autoritarismo, firmaron el Pacto de Ostende, en el que acordaron la expulsión de los Borbones del trono y la democratización de la vida política.
4. El Sexenio Democrático (1868 – 1874).
El periodo comprendido entre 1868 y 1874, denominado historiográficamente como el Sexenio Democrático o Revolucionario, comprende una de las etapas más complejas de la historia política de nuestro país. La monarquía moderada y conservadora de Isabel II fue abolida por la vía del pronunciamiento militar. Aunque se ensayaron nuevas formas de gobierno: regencia provisional, monarquía democrática, república o dictadura… la etapa concluye con un nuevo pronunciamiento militar y el restablecimiento de los Borbones en el trono, en la persona de Alfonso XII.
El reinado de Isabel II acabó con la revolución conocida como La Gloriosa. En 1868 se produjo un pronunciamiento para deponer a Isabel II, liderado por los generales Serrano y Prim. Paralelamente se crearon juntas revolucionarias para controlar las provincias y las ciudades. La revolución triunfó rápidamente y sin derramamiento de sangre. El ejército real fue derrotado en la batalla de Alcolea, y la reina se vio obligada a abandonar España.
Tras el derrocamiento de Isabel II se constituyó un gobierno provisional presidido por Serrano, que convocó Cortes constituyentes. Las nuevas Cortes aprobaron la Constitución de 1869, el primer texto democrático de la historia de España pues contenía una amplia declaración de derechos (reunión, asociación, expresión…) e instauraba el sufragio universal masculino. Como concesión a los moderados y unionistas se mantenía la monarquía y se nombraba regente al general Serrano hasta que se eligiera un nuevo rey.
4.1 El reinado de Amadeo I (1871 – 1873).
El general Prim, presidente del Gobierno en aquellos momentos, fue el encargado de encontrar un nuevo rey para España: el príncipe italiano Amadeo de Saboya. Pero a la vez que Amadeo I llegaba a España (diciembre de 1871), su principal apoyo, el general Prim, era asesinado en Madrid.

Amadeo I era un rey moderno y demócrata, pero contó con una amplia oposición: monárquicos, que preferían un rey no democrático; la propia Iglesia, que deploraba su exceso de progresismo; republicanos, partidarios de un régimen no monárquico; el propio país, que le veía como un rey extranjero.
Durante su reinado estallaron dos conflictos: la guerra de Cuba (1868 – 1878), una de las últimas colonias que le quedaban a España; y la tercera guerra carlista (1872 – 1876). Incapaz de superar estas dificultades y falto de apoyos, Amadeo I acabó por abdicar.
Serie TVE: Prim, el asesinato de la calle del Turco

4.2 La Primera República española (febrero 1873 – enero 1874).
Ante la dificultad de encontrar a un rey, las Cortes proclamaron la Primera República (1873). El nuevo sistema político nació con graves problemas. La mayoría de los grupos políticos eran monárquicos, y los propios republicanos se hallaban divididos entre los que querían una república federal y los que la preferían unitaria. Reflejo de esta división fue el estallido del movimiento cantonalista que llevó a la creación de repúblicas independientes en Cataluña, Málaga y Cartagena. El movimiento fue duramente reprimido.
Además la república tuvo que enfrentarse al estallido de la tercera guerra carlista y de la guerra en Cuba. Ante esta situación de caos generalizado el general Pavía dio un golpe de Estado y disolvió la Cortes en enero de 1874. La Primera República había durado apenas once meses.
Tras el golpe de Estado, el general Serrano presidió el gobierno durante casi un año de forma autoritaria. Por eso nadie se opuso cuando en diciembre de 1874 un nuevo golpe de Estado protagonizado por el general Martínez Campos proclamaba a Alfonso XII rey. La dinastía de los Borbones había sido restaurada
5. La Restauración de los Borbones en el trono.
Tras la Restauración de los Borbones hubo una etapa de notable estabilidad política. La Constitución de 1876 contentaba tanto al partido moderado como a los progresistas y se estableció una alternancia política, un turno pacífico, de ambos partidos en el poder. El resto de formaciones políticas estaban prohibidas.
El 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos dio un golpe de Estado en Sagunto (Valencia) y proclamó rey a Alfonso XII, hijo de Isabel II de Borbón, con lo que daba comienzo el régimen de la Restauración. El nuevo rey, partidario de la monarquía constitucional, nombró presidente del Gobierno a Cánovas del Castillo, quien había sido el verdadero artífice de la vuelta de los Borbones al trono.
Cánovas organizó y estabilizó la situación política. Puso fin a la guerra de Cuba y a la guerra carlista y, creó un sistema político en el que tenían cabida todos los partidos que aceptaran la monarquía y un régimen constitucional. Para organizar este sistema político se basó fundamentalmente en dos pilares: una nueva Constitución y el turno pacífico de los dos partidos principales (Partido Conservador y Partido Liberal) en el poder.
5.1 La Constitución de 1876.
La Constitución de 1876 tenía un carácter conciliador, ya que incorporaba principios moderados y progresistas. Tenía una amplia declaración de derechos y libertades, pero sobre todo proclamaba la confesionalidad del Estado y la soberanía compartida entre las Cortes y el rey, al que concedía amplios poderes. Ha sido la constitución del Estado más breve, en cuanto a articulado y al mismo tiempo la más longeva, estando en vigor desde su aprobación hasta la II República.
5.2 El turnismo.
El ejercicio del poder quedó asignado a dos partidos políticos, que aceptaban la monarquía constitucional y que se turnaron en el gobierno de manera pacífica (turnismo). Estos partidos eran:
- Los conservadores, liderados por Cánovas, defensores de la Iglesia y del orden moral.
- Los liberales, liderados por Práxedes Mateo Sagasta, bajo cuyo mandato se aprobaron importantes reformas sociales, además del sufragio universal masculino.
El mantenimiento en el gobierno de ambos partidos se explica por el ejercicio consensuado de la corrupción electoral. El rey decidía primero que partido iba a formar gobierno, después se convocaban las elecciones y se amañaban para que las ganara dicho partido.
En el campo, los individuos poderosos, los caciques, forzaban a la poblción rural a que votaran al partido que convenía para la formación del gobierno. A esta práctica la llamamos caciquismo.
En las ciudades, menos influidas por los caciques, se manipulaban los votos si los resultados electorales no eran los esperados. Esta práctica se conoce como pucherazo y consistía en contar más votos que votantes , quema de urnas… Así se fabricaban los resultados electorales que daban alternativamente la victoria a conservadores y liberales. Durante muchos años, este sistema proporcionó estabilidad a la vida política española.
5.3 La oposición al sistema.
Este sistema político dejaba fuera a otros grupos políticos: anarquistas, socialistas y nacionalistas.
Los anarquistas habían surgido tras la revolución de 1868. Sus focos más importantes estaban en Cataluña y Andalucía. Sus bases sociales eran el proletariado urbano y los jornaleros. Tras años de desorganización crearon la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).
Los socialistas, liderados por Pablo Iglesias, que habían fundado el Partido Socialista Obrero Español en 1879. Años después se creó la Unión General de Trabajadores.
A finales de siglo XIX surgieron los principales partidos nacionalistas que reaccionaron contra la creación de un Estado centralizado y tuvieron especial relevancia en Cataluña, País Vasco y Galicia.
6. El desarrollo económico a lo largo del siglo XIX.
En la España del siglo XIX las transformaciones económicas no fueron tan intensas como en Gran Bretaña o Alemania, debido a diversos factores: la escasez de materias primas, las malas comunicaciones, la falta de un mercado interior para la venta de los productos, la pobreza de la mayoría de la población y la falta de capital. Por eso muchas veces fueron empresas extranjeras las que invirtieron en la creación de fábricas e infraestructuras.
6.1 La débil revolución industrial.
Las primeras industrias modernas se localizaron en zonas muy concretas. Destacaron la textil catalana y la siderúrgica vasca, asturiana y andaluza. Al mismo tiempo se fundaron las primeras instituciones financieras como el Banco de España o la Bolsa de Madrid. También se estableció la peseta como moneda nacional.
La innovación más importante fue la construcción del ferrocarril. Hasta 1866 se instalaron en España más de 13000 km de vías. La red tenía una estructura radial con centro en Madrid y un ancho de vía superior al resto de Europa, lo que dificultó los intercambios con el resto del continente. La construcción estuvo motivada por el impulso financiero de la desamortización de Madoz y las inversiones en bolsa a favor de las compañías ferroviarias implicadas en su construcción. La crisis capitalista de 1866 paralizó su construcción y llevó a la ruina a muchas de las compañías participantes. Por otro lado, quedaba demostrado que los trayectos tenían una escasa ocupación pues los billetes eran demasiado caros para una población sumergida en la pobreza.
Hasta finales de siglo XIX también se desarrollaron nuevas fuentes de energía como la electricidad y el petróleo. Pero la industria española tenía dos graves problemas: era poco competitiva en relación a la producción exterior más barata y de mejor calidad, por lo que el Estado se vio obligado a establecer aranceles aduaneros para encarecer su precio. Además la producción industrial se limitaba a zonas muy concretas mientras el resto del país se hundía en un retraso considerable.
6.2 La reforma agraria liberal a lo largo del siglo XIX.
La agricultura siguió siendo el sector económico principal en el que trabajaba hasta el 70% de la población activa.
La principal transformación que se produjo en la agricultura fue la liberalización de las tierras. Desde el antiguo régimen buena parte de las tierras estaban vinculadas a la aristocracia, la Iglesia o los ayuntamientos. Eran tierras amortizadas, no se podían vender ni ceder.
El proceso de liberalización de la tierra, de abolición de las tierras amortizadas para convertirlas en propiedades privadas que se podían adquirió en el mercado fue una de las principales iniciativas liberales que se llevó a cabo de dos maneras:
La abolición de los mayorazgos. El proceso se inició con tímidas medidas en las Cortes de Cádiz, se continuó en el Trienio Liberal y se finalizó en 1837. Con la abolición del régimen señorial, los nobles podían vender sus tierras libremente en el mercado si así lo deseaban. Igualmente podían perder sus propiedades por deudas.
Las desamortizaciones. Consistía en la incautación por parte del Estado de las tierras vinculadas a la Iglesia, órdenes militares y ayuntamientos, para luego venderlas en pública subasta a particulares. Hubo dos grandes desamortizaciones: la de Mendizábal (1836) por la que se vendieron las tierras de la Iglesia; y la de Madoz (1855), que afectó a tierras de los ayuntamientos, hospitales, escuelas y otras instituciones.
La liberalización de las tierras permitió que muchos burgueses compraran estas propiedades. Con ello se mejoraron los métodos de cultivo, se expandieron nuevos cultivos y aumentaron las producciones agrícolas. Pero la parte negativa del proceso fue que con la desamortización de las tierras de los ayuntamientos, muchos jornaleros perdieron la única posibilidad de trabajar las tierras comunales, de donde obtenían parte importante de su sustento.
OS ADJUNTO ARCHIVO CON ACTIVIDADES REFERENTES AL TEMA(MUCHAS DE ELLAS YA REALIZADAS EN CLASE)
PRESENTACIONES POR SI OS SIRVEN DE AYUDA