LAS GRANDES POTENCIAS (1870-1914)
GRAN BRETAÑA: LA ÉPOCA VICTORIANA. Durante el reinado de la reina Victoria (1837-1901), Gran Bretaña era la mayor potencia económica mundial (a finales de siglo sufre un declive relativo y es alcanzada por EE.UU. y Alemania), poseía el mayor imperio colonial y su sistema político era muy estable: una monarquía parlamentaria (Victoria reina, pero no gobierna) donde dos partidos se alternan: Conservador (Disraeli) y Liberal (Gladstone) que llevan a cabo reformas religosas, sociales y electorales, estableciendo el sufragio universal masculino a finales del siglo, momento en que empieza a surgir un fuerte movimiento exigiendo el sufragio femenino (movimiento sufragista).
Por lo que respecta a Irlanda, ésta gozaba de una relativa independencia hasta 1800, cuando el Act of Union la anexiona al Reino Unido. La tensión fue aumentando durante el siglo XIX creándose el movimiento nacionalista irlandés liderado por Parnell y con el apoyo de la Iglesia católica. El Home Rule (1886) le daba a Irlanda una gran autonomía dentro del Reino Unido, incluso con un Parlamento irlandés propio. Por último, la insurrección de 1916 supuso la partición de la isla: la zona norte –el Ulster-, protestante, seguía perteneciendo al Reino Unido, mientras que el resto de la isla, católico, adquiría la independencia en 1920.

FRANCIA: EL SEGUNDO IMPERIO Y LA III REPÚBLICA. El Segundo Imperio (1852-1870) fue proclamado por Luis Napoleón Bonaparte –que pasó a ser Napoleón III- en 1852, a través de un plebiscito que le daba plenos poderes. En una primera etapa, el Imperio se mostró autoritario, con persecuciones y limitación de derechos, defensa del orden y la autoridad. Es lo que se ha llamado bonapartismo: concentración de poder en un hombre cuya legitimidad procedía del pueblo. Desde 1860, Napoleón III tuvo que hacer concesiones políticas: amnistía, libertad de prensa, derecho de huelga y de asociación para los obreros, etc. Su final viene con la derrota francesa ante Prusia en la batalla de Sedán (septiembre de 1870).
Una vez liquidada la Comuna y firmada la Paz de Frankfurt con el nuevo Imperio Alemán (por la que perdía Alsacia y Lorena), se proclamó la III República. En un principio fue una República moderada y con un fuerte ejecutivo en manos del presidente, pero a partir de la victoria republicana en las elecciones de 1880 se dieron avances democráticos: sufragio universal masculino, enseñanza estatal laica, universal y gratuita, avanzada legislación social, separación Iglesia-Estado. Se trataba de un Estado democrático que, a la vez, poseía un gran imperio colonial.
ALEMANIA (II REICH ALEMÁN). Su unificación fue tardía (1871) y en torno al liderazgo de Prusia y de su canciller Bismarck. Con la unificación y la política ferroviaria consiguieron un gran mercado nacional. Tuvo un extraordinario desarrollo industrial en muchos sectores económicos (textil, siderurgia, minería, química, etc), ayudado por el proceso de concentración financiera y empresarias (los konzern). Con todo ello llegaron a amenazar la supremacía económica británica.
Su sistema político era liberal (Parlamento, elecciones), aunque con cierto carácter autoritario. Había cuatro grandes grupos políticos (liberales, conservadores, socialdemócratas y el Zentrum). El Kaiser mantenía importantes atribuciones, sobre todo en política exterior. Hasta 1888, con el Kaiser Guillermo I, el canciller Bismarck dirigió la política alemana, buscando mantener el equilibrio en Europa y evitar la revancha francesa. Pero el nuevo Kaiser, Guillermo II prescindió de Bismarck y pasó a dirigir la política exterior y militar alemana, desarrollando un intenso rearme (importante flota de guerra) y una política exterior agresiva (p. ej. política colonial en África).

AUSTRIA- HUNGRÍA. Sistema de dúplice monarquía. Francisco José I era emperador de Austria y rey de Hungría. Con la firma del Compromiso (1867), se establecía que cada uno de los dos países tenían sus leyes, su parlamento y gobierno propios. Tan sólo el emperador y algunos ministros (finanzas, guerra y asuntos exteriores) eran comunes. El Imperio tenía un nivel de desarrollo económico inferior al de Alemania, Francia o G. Bretaña. Había grandes diferencias entre regiones muy industrializadas y otras totalmente agrarias. La principal debilidad era la excesiva heterogeneidad de un imperio plurinacional, la mayor parte de cuyas nacionalidades estaban oprimidas bajo el gobierno austriaco (mitad oeste) o húngaro (mitad este).

IMPERIO RUSO. Continuaba siendo una monarquía absoluta, sin ningún tipo de reforma liberal. En 1861 el zar Alejandro II Inició algunas reformas, como la abolición de la servidumbre (hasta entonces muchos campesinos eran siervos) y el inicio de la industrialización, limitada a Moscú y S. Petersburgo y de la construcción de ferrocarriles, para lo que hubo de recurrirse a capitales extranjeros. Sin embargo la mayoría de Rusia era un país agrícola y muy poco desarrollado.
En Rusia urgieron numerosos movimientos revolucionarios, especialmente anarquistas. Alejandro II fue asesinado en un atentado. Durante esta época Rusia extendió su territorio con la conquista de Siberia, Asia Central y regiones del Caúcaso, formando el mayor estado del planeta. En este Imperio plurinacional las nacionalidades minoritarias estaban oprimidas por el gobierno ruso.

ESTADOS UNIDOS. En la primera mitad del siglo XIX, la doctrina Monroe (“América para los americanos”) justificaba la política exterior imperialista de EEUU. Con la presidencia de Jackson se democratizó el sistema político extendiendo el sufragio universal a los varones blancos. La Guerra de Secesión (1861-1865) enfrentó a los estados del Norte (industriales, antiesclavistas y partidarios del poder federal fuerte) contra los estados del Sur (agrícolas, esclavistas y partidarios de la Confederación, es decir, del poder autónomo de cada estado). Tras la victoria del norte, EE.UU. experimentó un gran desarrollo:
- La continua llegada de inmigrantes europeos permitió la expansión hacia el oeste, lo que condujo al casi total exterminio de la población india. Hacia 1900 se había completado la conquista del territorio.
- Gran desarrollo de la industria, gracias a los inmensos recursos naturales, convirtiéndose en la primera potencia económica (aunque no política ni militar) del mundo en vísperas de la I Guerra Mundial.

JAPÓN. Hasta mediados del siglo XIX era un estado completamente feudal y agrario. Pero los intentos occidentales, principalmente de EE.UU. de controlar la economía japonesa con la imposición forzada de tratados comerciales originó una reacción nacionalista en la que el emperador Mutsuhito inició la llamada Revolución Meiji, que supuso la modernización del Japón:
- Se inicia la industrialización, dirigida por el estado, contratando técnicos y profesores extranjeros y creando las primeras industrias con fondos públicos, animando a la nobleza a invertir en la creación de empresas industriales (los zaibatsu).
- Japón desarrolló una poderosa industria textil, metalúrgica y de construcción naval, lo que le llevó a convertirse en una potencia colonialista, buscando obtener las materias primas de las que Japón carecía
- En el terreno político las reformas fueron menores, ya que aunque se adoptó una constitución, los principales poderes seguían concentrados en el emperador.
